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  • Lic. Florencia Casabella

El Acompañamiento Terapéutico en la Actualidad

Entrevista sobre los desafíos del acompañamiento terapéutico en la actualidad.



¿Qué no es un acompañante terapéutico?


El acompañamiento terapéutico, como bien lo dice su nombre, tiene una función estrictamente terapéutica. Entonces en principio diferenciamos todo lo que es acompañamiento terapéutico de aquellas funciones que responden pura y exclusivamente a lo asistencial, es decir a los cuidados o a la asistencia de un paciente.


Un acompañante terapéutico no es un cuidador, no es un enfermero, no cuida de un paciente en el sentido de que, no es por ejemplo una niñera cuando trabaja con un niño, o no es un asistente gerontológico cuando acompaña a una persona mayor en un momento determinado.


Es decir, lo importante del acompañamiento terapéutico poder distinguir que el acompañante tiene una función estrictamente terapéutica y en ese sentido trabaja con una estrategia determinada.


¿Quién establece esa estrategia?


Las estrategias que va a tener un acompañante terapéutico se definen en conjunto con un equipo interdisciplinario, es decir, el acompañante terapéutico trabaja en función de determinados objetivos que se tienen para un caso, y para un paciente en particular, y en esa línea, los objetivos que se tienen se delimitan con un equipo interdisciplinario que es el que atiende al paciente. En el mismo sentido, las estrategias terapéuticas con las cuales se abordará ese caso y se trabajará en función de determinados objetivos se delimitan con un equipo interdisciplinario que acompaña al paciente.


¿Qué diferencia a un AT de un psicólogo, un psiquiatra, un terapeuta ocupacional?


En principio, es habitual confundir al acompañante terapéutico con otros profesionales de la salud, pero una de las primeras cuestiones que sirven para delimitar la función del acompañante respecto la de un psicólogo, un psiquiatra u otras especialidades de la salud mental es la formación, el acompañante terapéutico tiene otra formación diferente. El psicólogo realiza una carrera universitaria para recibirse de Licenciado en Psicología, mientras que el acompañante terapéutico en la actualidad la formación específica de los acompañantes terapéuticos no está del todo definida pero hay una carrera a nivel terciario, es decir de nivel superior. Eso por un lado, la formación es diferente.


Por otro lado, en la práctica el psicólogo atiende mayormente a sus pacientes en un espacio que le es propio, los pacientes asisten a visitar al psicólogo, mientras que en el acompañamiento terapéutico el acompañante terapéutico es el que asiste donde está el paciente. El trabajo del acompañante terapéutico es mucho más en el lugar en el que reside el paciente o en el que vive o en el que está internado, mientras que al psicólogo se asiste. Esta es como una de las primeras diferencias entre un psicólogo y un AT.


Entre un psiquiatra y un AT la diferencia es un poco más abismal, más allá de la formación, un psiquiatra tiene la carrera de medicina y un AT no, hay una particularidad y es que el psiquiatra medica al paciente y es muy importante que los acompañantes terapéuticos tengan en claro que no es función de un AT medicar a un paciente, ni siquiera administrar medicación. Es decir, un acompañante puede servir de soporte para que un paciente tome la medicación, pero el acompañante terapéutico no administra la medicación.


Con el resto de los profesionales de la salud mental, cada especialidad tiene sus áreas de intervención, el terapista ocupacional interviene mucho más en lo que son las actividades de la vida diaria y en la autonomía del paciente. Otros profesionales, el psicopedagogo o psicopedagoga, que intervienen en los que son los procesos de aprendizaje, el fonoaudiólogo que interviene en los procesos asociados a la voz y al lenguaje; mientras que el acompañante terapéutico interviene en otros aspectos, interviene en el acompañamiento en lo cotidiano del paciente.


¿A qué te referís con que el AT “soporta” el suministro de la medicación?


Una de las principales dificultades que aparecen con muchos pacientes que están atravesando procesos críticos es el rechazo o la resistencia a la toma de la medicación básicamente, entonces muchas veces se solicita la intervención del acompañante terapéutico para que pueda servir de soporte al paciente en el momento en el que tiene que tomar la medicación, para que pueda en todo caso trabajar en lo cotidiano con ese paciente, por qué aparece esa resistencia a la toma de la medicación.


¿Cómo se trabaja esa resistencia?


En principio, el acompañante terapéutico está junto con el paciente en ese momento. Cada paciente es diferente, cada sujeto es diferente y por lo tanto cada resistencia y cada motivo que puede tener un paciente a no tomar la medicación va a ser diferente.


Una de las principales cuestiones que yo considero que tiene que tomar en cuenta un acompañante al momento de intervenir sobre cualquier resistencia que pueda aparecer es: ¿por qué el paciente no quiere tomar la medicación?


Uno a veces no parte de esa pregunta, sino que da por sentado que el paciente la tiene que tomar para estar mejor, es como la premisa de la cual partimos.


A veces un paciente no quiere tomar la medicación porque siente que la medicación lo abstrae de la realidad, o siente que la medicación lo duerme, o le genera mucha ansiedad, entonces una de las primeras cuestiones es trabajar en qué sentimientos o sensaciones o cuestiones están asociadas a esa toma de la medicación.


En todo caso, si las cuestiones que aparecen asociadas a la toma de la medicación no son propias de la medicación misma, trabajar sobre esos pensamientos o esos sentimientos que aparecen asociados a la toma de la medicación a través de la palabra con el acompañante terapéutico, es decir, poder intervenir desde un lugar de acompañamiento y sostén frente a una actividad que el paciente no quiere hacer.


¿En qué escenarios se recomienda la presencia de un AT? ¿Quién lo decide?


Infinitos, eso es lo interesante de la función del AT, es un dispositivo sumamente versátil, es decir, se adapta a muchísimas situaciones, pero para hacer una generalidad un acompañante terapéutico puede intervenir en el hogar de un paciente que necesita asistencia en sus actividades de la vida diaria, asistencia me refiero a acompañamiento en sus actividades de la vida diaria para poder realizarlas.


Un acompañante puede intervenir en un hospital, en una internación de un paciente, puede intervenir en una residencia geriátrica o en un centro de día, o en un hogar con centro de día. Es decir, los escenarios en donde puede intervenir son múltiples, puede trabajar con un paciente en la calle también, puede acompañarlo a un taller de formación laboral, a un consultorio.


¿Quién decide la intervención del acompañante terapéutico?


La decide un profesional que está a cargo del tratamiento de ese paciente. Nosotros siempre decimos lo que implica la dirección de un tratamiento, siempre en el tratamiento de la patología de un paciente hay alguien que dirige ese tratamiento, podríamos decir que puede ser un médico de cabecera o un psiquiatra de cabecera, muchas veces es un psicólogo también, es alguien que funciona de alguna manera de articulador entre todas las instancias que intervienen y que atienden a ese paciente.


Muchas veces la únicas sugerencias de un acompañante terapéutico provienen de ese profesional, en todo caso después están las cuestiones más burocráticas de quién tiene la potestad de decidir si ese paciente necesita un acompañante terapéutico y a través de esa potestad derivarlo hacía su autorización.


Hoy en día, en nuestro país, la potestad sobre decidir quién necesita una prestación en salud mental la tiene un profesional médico, no la puede tener un psicólogo. Ahora, muchas veces la sugerencia de un acompañante terapéutico la toma el médico o el psiquiatra a través de un psicólogo.


¿Cuáles son los desafíos de los AT para el 2020?


Me parece que uno de los desafíos más importantes es el de la formalización del rol. Es decir, no sólo en lo que respecta a la formación, que por un lado uno de los desafíos para este 2020 es que se apruebe el nuevo plan de estudios de Acompañamiento Terapéutico de la carrera a nivel superior y que se pueda volver a dictar nuevamente esa carrera en los institutos de nivel superior; ese sería como uno de los desafíos a nivel de la formación.


Otro de los grandes desafíos, creo que es importante que como acompañantes terapéuticos tengamos la conciencia de que trabajamos con personas y que para eso necesitamos de cierta formación continua y de, fundamentalmente, el espacio de supervisión con un otro, un psicólogo, un médico, otro acompañante terapéutico, un coordinador, pero alguien a quien poder ir y contarle lo que está pasando en el espacio de acompañamiento terapéutico con cada paciente y que pueda devolvernos un mensaje de ese trabajo que estamos haciendo.


Me parece que para eso la clave de la supervisión es la transferencia con ese profesional con el que estamos trabajando, es decir que ese profesional que supervisa nuestro trabajo sea alguien de referencia para nosotros, me parece que esa es la clave.


¿Hay diferentes especialidades dentro del AT? ¿Es conveniente especializarse?


Creo es muy importante que haya una formación de base. La formación en acompañamiento terapéutico es una formación de base donde se le brindan al alumno un montón de recursos para empezar a trabajar como acompañante terapéutico.


Ahora, como decía anteriormente, las posibilidades de inserción de un acompañante terapéutico son múltiples, entonces no es lo mismo trabajar con una persona de la tercera edad que trabajar con un niño en una escuela, para eso sí creo que es importante la especialización. Ir adquiriendo recursos para las diferentes clínicas, un acompañante terapéutico puede trabajar con una persona mayor, puede trabajar con una persona con discapacidad en un centro de día o puede acompañar a un niño en su jornada escolar. Estamos hablando de tres instituciones completamente diferentes, tres grupos etarios completamente diferentes y tres patologías completamente distintas, para eso sí me parece que es importante la especialización.


¿Cualquier formación anterior es compatible con el AT?


Cualquier formación anterior es compatible con el acompañamiento terapéutico ya que el acompañamiento terapéutico es una formación en sí misma, es decir, mucha gente busca hacer la carrera para tener un anticipo de lo que va a ser la inserción en la clínica cuando está estudiando Psicología, ese es el grupo de alumnos más voluminoso. Yo creo que cualquier persona interesada en la formación en acompañamiento terapéutico lo puede hacer porque básicamente no hay un requisito previo de tener otra formación sino que el acompañamiento terapéutico es ya una formación nueva.


¿Cuál es el aporte del psicoanálisis a la formación de los ATs?


Yo creo que el psicoanálisis le aporta al acompañamiento terapéutico muchas cosas, pero me voy a focalizar en tres: una, que me parece que tiene que ver con la posición que los acompañantes terapéuticos con una formación psicoanalítica toman al momento de trabajar con un paciente, me parece que es una posición absolutamente respetuosa de la subjetividad del otro.


Es decir, para el psicoanálisis, de alguna manera, los tiempos subjetivos no son los tiempos cronológicos, no se pueden homologar los tiempos subjetivos a los tiempos cronológicos, a los tiempos reales. Entonces creo que en este sentido el psicoanálisis es sumamente respetuoso de los tiempos de cada sujeto, que cada sujeto tiene su tiempo y que cada sujeto es distinto. Esta es la segunda cuestión que creo que el psicoanálisis le aporta a pensar el acompañamiento terapéutico, que es pensar en la singularidad de cada paciente. Nosotros en Désir siempre hablamos y trabajamos el caso por caso, yo no puedo decirle a nadie cómo tiene que trabajar como acompañante terapéutico con un paciente porque no conozco a ese paciente, por lo menos a priori no lo conozco, y cada sujeto tiene su singularidad y es abordado desde su propia singularidad.


La tercera cuestión que me parece que le aporta el psicoanálisis al acompañamiento terapéutico es el concepto de la transferencia, creo que ese es el concepto clave para pensar rápidamente el establecimiento del vínculo con un paciente, es decir, para que yo pueda intervenir con un sujeto, para que pueda trabajar en pos de determinados objetivos en el marco de un tratamiento, ese paciente tiene que estar en transferencia conmigo, si eso no ocurre el probable que muchos de los objetivos que yo tenga en mente fracasen.


¿Cuanto tiempo se recomienda ser AT de un paciente?


Es muy variable, pero me parece que eso depende de la patología del paciente y depende de el tiempo que haya sido previsto para ese tratamiento, hay acompañamientos que duran seis meses, acompañamientos terapéuticos que duran un mes, más breves, y otros que duran años, hasta podría decirte que tal vez se interrumpen porque el acompañante terapéutico no puede continuar, pero no porque el paciente no lo necesite. Puede suceder que el paciente siga necesitando y tenga que buscar otro profesional, pero no que el acompañamiento se haya terminado; eso varía en función de los objetivos propuestos.


Muchas veces la exigencia que tiene el trabajo de acompañamiento terapéutico implica esta necesidad de interrumpir el caso, nosotros en Désir siempre decimos que el acompañante terapéutico pone el cuerpo todo el tiempo, en este sentido es entendible que muchas veces haya que poner el cuerpo mucho más, y física y mentalmente el acompañante terapéutico se agote, se agote su capacidad de continuar con ese trabajo, con ese caso, con ese paciente. En este sentido, me parece que hay una cuestión de ética profesional que va en la formación de cada acompañante terapéutico de poder decir hasta acá llego yo y ahora que siga otro.


¿Siempre se exige una supervisión?


No, ahora si vos me preguntás a mí desde mi punto de vista si siempre se necesita una supervisión yo creo que sí. Me parece que es un trabajo, el del AT que requiere, como decía anteriormente, de poner el cuerpo, donde las transferencias muchas veces son muy intensas, donde se acompaña a pacientes que tal vez tienen historias de abandono o de mucha soledad, historias donde hay cierta de necesidad de presencia del acompañante terapéutico y cierta demanda presencia del acompañante terapéutico todo el tiempo. Me parece que es dificultoso procesar y trabajar con estas particularidades sin la supervisión de una mirada de afuera, de un tercero que nos pueda decir bueno, hasta acá, este es tu límite. Me parece que eso sí es una particularidad que tiene el acompañamiento terapéutico, que el trabajo se da con pacientes que tienen una demanda muchas veces muy intensa.


¿Cuáles son las patologías más desafiantes?


Yo creo que cada clínica o cada paciente tiene su desafío, sin embargo si me preguntás en la actualidad cuál es la clínica que más desafíos implica para el acompañante terapéutico, diría que la clínica del autismo. Los acompañantes terapéuticos actualmente son requeridos mucho para el trabajo tanto en el domicilio, en el hogar de un niño con el diagnóstico de autismo o en la escuela, y me parece que es una patología que requiere de mucha formación para una intervención adecuada, así que en ese sentido yo creería que la clínica del autismo es la más desafiante para el acompañante terapéutico.


¿Qué es lo que más y menos te gusta de ser AT?


Lo que más me gustó de haber sido acompañante terapéutico fue que de alguna manera el acompañamiento terapéutico me preparó y me permitió tener un acercamiento a la clínica e inclusive cierta inquietud por la lectura de nuevos conceptos que de otro modo no lo hubiese tenido.


Se suele ir de la teoría a la clínica, en verdad yo creo que el verdadero camino es el de la clínica a la teoría, a partir de los interrogantes que me despierta la clínica voy hacía la teoría. En este sentido, yo diría que el acompañante terapéutico me despertó un montón de inquietudes y un montón de interrogantes que me permitieron acceder a un montón de textos y contenidos.


Creo que tenemos todos un desafío muy grande de poder formalizar el rol del acompañante terapéutico.


Lo que menos me gustó es que creo que al ser una función que no todavía no tiene una formación del todo formalizada, valga la redundancia, hay como una serie de malos entendidos respecto de cuáles son las funciones específicas y las incumbencias específicas del acompañante terapéutico.

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