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  • Lic. Florencia Casabella

El último encuentro

Hace poco estuve leyendo este libro de Sándor Marai que se llama “El último encuentro” y me reencontré con esta frase que había subrayado acerca del erotismo. El libro es una novela sobre un encuentro entre dos amigos que habían sido inseparables, un reencuentro después de muchos años sin verse y una serie de diálogos entre los protagonistas en los que subyace todo el tiempo una tensión respecto de un secreto sabido por ambos (un hecho que compromete esa relación amistosa).


El erotismo, lejos de estar emparentado solamente con lo sexual, tal como se entiende desde el sentido común, proviene del Eros, término mediante el cual los griegos designaban al amor. Con Freud, en la famosa oposición que el padre del psicoanálisis hace entre las pulsiones de vida y las pulsiones de muerte, el Eros designa el conjunto de las pulsiones de vida en oposición a las pulsiones de muerte. Muchas de las críticas que se le han hecho a Freud en relación a reducir todo a lo sexual se emparentan con esta confusión de asociar el erotismo a la sexualidad.


Me pareció interesante tomar esta expresión “En el fondo de todo amor, de todo cariño, de toda relación humana, late el erotismo” puesto que, en la economía pulsional propuesta por Freud en “Más allá del principio de placer”, las pulsiones de vida tienden a la ligazón, el fin del Eros consiste en establecer unidades cada vez mayores y, en este sentido, el Eros se define como la fuerza que preserva la vida y vincula libidinalmente a las personas en una sociedad. De allí podríamos decir que, en lo social, se trata precisamente de la sublimación, de la canalización de cierta energía libidinal en favor del vínculo, en favor de la cultura y, por lo tanto, en el fondo de todo vínculo subyace el erotismo.


Por otro lado, es interesante pensar que el dualismo pulsional propuesto por Freud no contrapone las pulsiones de vida a las pulsiones de muerte como dos principios indisociables, sino que, por el contrario, Freud nos habla de mezcla pulsional y de cómo, en esa lucha por establecer la unidad y la ligazón que define a las pulsiones de vida, se entromete la agresión y lo destructivo como carácter inherente a todos los vínculos humanos.


Creo importante volver a la lectura del “Más allá del principio de placer” (celebrando además que en el 2020 se cumplen cien años de su publicación) puesto que me parece que cierta tendencia a la repetición que lleva al sujeto una y otra vez a caer en los mismos lugares de los cuales se queja, tanto como la tensión agresiva que subyace a todas las relaciones humanas, se entiende en el esquema del dualismo pulsional freudiano que agrega, a esta hermosa afirmación de Sándor Marai, que en el fondo de todo amor, de toda relación humana, late el erotismo tanto como cierta tendencia a la agresividad que se expresa en la ambivalencia de todo vínculo.

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